10 de marzo de 2026

El Estado-Civilización iberoamericano y su posicionamiento escatológico

Geopolítica.ru            José Francisco Herrera
Esta es la ponencia que presente en la conferencia online: «El orden multipolar frente a la agresión de EEUU/Israel contra Irán». Organizado por el Instituto Tsargrad de Rusia el día 5 de marzo de 2026. Agradezco enormemente la invitación a la actividad.

La construcción del Estado-Civilización iberoamericano, siguiendo la terminología de Zhang Weiwei y Alexander Duguin, está en constante lucha. Desde la independencia de los Estados-nación medianamente soberanos de Iberoamérica del Imperio español, sobre todo, se ha creado una linealidad que ha acompañado a los Estados liberales de América durante mucho tiempo, con algunas excepciones debido al modelo de gobernanza o a situaciones particulares en cada periodo específico —véanse dictaduras, golpes de Estado, guerras civiles, entre otros—. Iberoamérica ha logrado consolidar en la mayoría de sus países Estados de derecho que se mantienen en la actualidad. La Organización de Estados Americanos (OEA) es una de las expresiones más depuradas de esta conformación, que en última instancia es jurídico-política; esta, junto con sus instrumentos —la Corte Interamericana de Derechos Humanos (San José, Costa Rica) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Washington D. C., EEUU)— y su manifiesto doctrinal, la Convención Americana de Derechos Humanos, ha generado un anudamiento de la gobernanza y un control supraconstitucional de cada Estado en la región. Estas herramientas, que se han desarrollado en apariencia con una finalidad constructiva, han adquirido fines coercitivos, incluso cayendo en dinámicas de lawfare y apoyo al derrocamiento de gobiernos de manera ilegal, violando el principio fundamental del derecho internacional público que es la autodeterminación de los pueblos, principio imprescindible para el desarrollo del mundo multipolar. No obstante, es una excelente expresión y ejemplo de que se pueden construir mecanismos de integración regional civilizacional de gran nivel y trascendencia espacial en Iberoamérica.

Teniendo esto en cuenta, tenemos un reto los que luchamos por un mundo multipolar en Iberoamérica: lograr expresiones propias, que sirvan a nuestros propios intereses, de gran envergadura a nivel civilizacional que nos permita manejarnos con libertad e igualdad ante otras civilizaciones. El camino de este proceso es largo; inicialmente se construye en ideas, y estas son las que busco esbozar en este pequeño texto.

Iberoamérica tiene expresiones muy particulares de la cultura occidental europea. A grandes rasgos, nuestro pensamiento ha sido elaborado por los imperios conquistadores, que se afianzaron en la colonia: por ejemplo, el idioma español, el sistema jurídico normativo, la religión cristiana católica, el mestizaje de la población. Aunque no se ha renunciado a los grandes relatos autóctonos de estas tierras, existen expresiones lingüísticas nativas que aún se utilizan, además del conocimiento ancestral aplicado a la medicina, que en algunas ocasiones se mezcla con el misticismo esotérico y se encarna en curanderos y chamanes, por mencionar algunas. Una de sus máximas expresiones de representación autóctona, con todo y sus críticas ha sido el presidente de Bolivia, Evo Morales, que es un indígena uru-aimara y cuya lengua materna es el aimara; tuvo gran apoyo popular en su momento y logró hacer cambios en el mundo político bolivariano.

Como civilización iberoamericana tenemos muchos componentes en conjunto que nos definen y que nos pueden dar un posicionamiento escatológico, tan necesario para dotar de una narrativa y un destino a nuestra civilización. Este sentido ha sido realmente socavado por ideas posmodernas contemporáneas —o no tanto— que en última instancia son promovidas por grupos de degenerados satánicos para descomponer el lazo social que nos une como pueblos y lograr implantar el dominio del mundo unipolar liberal a favor de intereses muy oscuros. De ahí que nosotros, los iberoamericanos, tengamos que manifestarnos fuertemente contra el pensamiento liberal, que, llevado a sus últimas consecuencias, es incompatible con la vida y con el proyecto de humanidad compartida.

Vislumbrando indicios y uniendo conjeturas, se puede notar que el modelo de gobernanza de los países de Iberoamérica es el caudillismo, la figura del líder en la mayoría de los países. Esto es un gran indicador de que existe, a nivel del imaginario ideológico y del espíritu de estos pueblos, componentes que nos podrían dar afinidad en el modelo de dirección política que podríamos tomar como civilización. Como mencionaba anteriormente, la OEA es una manifestación clara —no última— de lo que tenemos que ir construyendo. No tanto en un sentido normativo legal, que este está sujeto a discusión, sino en un sentido normativo ético que nos permita construir comunidad y, más que eso, un sentido existencial único, que se exprese en las manifestaciones de la existencia de estos pueblos.

Actualmente, el gran peligro para el desarrollo de la multipolaridad en Iberoamérica es la banda de satánicos liberales que producen, por medio de todos los mecanismos posibles, terrorismo en nuestras poblaciones, cuya máxima expresión son los estados de excepción que se desarrollan incluso de manera de facto para gobernar los Estados. Esto no da margen de maniobrabilidad para crear pensamiento y expresiones libres que aboguen por nuestros fines.

Recogiendo del crisol de civilizaciones del mundo, puedo rescatar del desarrollo del pensamiento taoísta una máxima expresada en el libro El arte de la guerra, de Sun Tzu, que señala que primero es el dao; este es el que permite al pueblo y a sus gobernantes estar cohesionados. Eso es lo que hay que buscar desde lo más profundo de nuestro ser. Un dao. Una expresión genuina que nos dé sentido de muerte y vida, que nos sirva de impulso de lucha contra los adversarios perversos del mundo multipolar, que es el destino compartido de la humanidad. Y este mismo dao se encuentra en la lucha; es la única forma de que salga a flote ese sentido, allí donde el espíritu está en riesgo, donde se encuentran el dolor y la gloria.