8 de junio de 2026

Argentina: los medios crearon al monstruo

CENAE          ​Por: PhD. Shura Koniev Rosero Cartagena.
Llegar de madrugada a Buenos Aires con el ambiente húmedo previo al verano, fue encontrarme con una ciudad llena de contrastes. El Cono Urbano atravesado por las autopistas como para negarse a sí misma las enormes desigualdades económicas, la exclusión y el hartazgo de la gente. Estamos “hartos de lo mismo dicen”, repitiendo el estribillo de los medios de comunicación que bombardean continuamente sus mentes y sus anhelos.
Llegué en verano a alojarme en el Barrio de Recoleta a pocas cuadras del cementerio. Barrio “cheto” como dicen los porteños, con edificios maravillosos neoclásicos. Una suerte de remembranza del gran mito que es Argentina y especialmente Buenos Aires (Halperín Donghi, 2004; Romero, 2013). El mito de la potencia mundial, que se usa como juego de identidades inconclusas de migrantes desesperados llegados en barcos, huyendo del hambre y de la guerra, que se repite junto al Himno que todos tenemos como el “segundo más hermoso luego de la marsellesa” (Shumway, 1993).   
 
Más allá de toda descripción del lugar, mis andares iban desde el mono ambiente hasta la escuela de Bellas Artes y luego a estudiar comunicación política, como para siempre echar cable a tierra con la realidad circundante.  Un migrante más en las calles, me preguntaba por qué después de tanta abundancia con el peronismo ahora la gente quería votar por un sujeto que evidentemente era un personaje teatral fruto de los programas de tv y la prensa rosa.
 
La campaña electoral bullía entre la gente, mientras el peronismo era atacado y desgastado por una brutal campaña de medios de comunicación. Una argentina “deseosa de cambio”, cambio de qué me preguntaba. Los alquileres controlados por la ley, la milanesa en la mesa, los servicios y prepagas al alcance del bolsillo, la electricidad y el gas a precios asequibles, la posibilidad de salir al boliche o comer fuera en San Telmo, Caballito o en cualquier pizzería de Rivadavia.   
 
Basta saber que en la capital tanto los servicios agua, luz, gas, los pasajes de colectivo y metro y el servicio de trenes eran subsidiados por el gobierno peronista, para quedar un poco aliviando de mi condición económica de migrante. En gran medida las ayudas sociales paleaban de muchas formas los efectos de la inflación.  De manera que las cadenas de ayudas creaban un freno a las condiciones de miseria estructural presentes desde hace décadas, pero atenuadas por una política social más equitativa (Basualdo, 2011; Svampa, 2013; CEPAL, 2018). 
 
Pero la realidad de la calle era otra: “Cualquier cambio”, “cualquier salida”, me decía el pibe sin salario fijo, que estudió gracias a la educación pública brindada por el Estado.  Cualquier cambio, aunque nos quiten los derechos y debamos trabajar el doble. Mientras los medios replicaban vehementemente la palabra “libertad” como un discurso extraño en la boca de aquellos que negaban el genocidio de los desaparecidos (Bourdieu, 1997; Waisbord, 2013).  
   
Esta brutal campaña de “comunicación” orquestada por las grandes empresas mediáticas, los foros de opinólogos, los artistas anarco capitalistas, las vedets venidas a menos y las redes sociales, lanzaban a su candidato out sider disfrazado de amarillo y con antifaz promoviéndolo en cuanto foro, mesa o programa existía. 
 
Javier Milei aglutinaba el “descontento” de los grupos empresariales, los importadores y agro exportadores, pero también de un importante grupo de ciudadanos de a pie, influidos por un discurso de “renovación”. Paradójicamente el discurso de Milei se centra en la amenaza de destruir el Estado, echar abajo las ayudas a los pobres y liberalizar el mercado argentino “privatizarlo todo”, “porque la educación no es un derecho, es un privilegio” (La Nación, 2023; Clarín, 2023). Aunque siempre que recuerdo esto me lo imagino alardeando en algún programa con el fondo de la figura de Mirta Legrand.
 
La aparición de Milei como un candidato anti Estado, surge como un producto o más bien un subproducto del neoliberalismo, es decir como una mezcla agresiva de las doctrinas de Margareth Tatcher , mezclado con Francis Fukuyama y algunas pegatinas anti Estado del anarquismo (pero no Malatesta o Bakunin). Esta mezcla junto a su histrionismo afectado caló en el imaginario de los argentinos convenciéndoles en configurarse como la “salida a la crisis de ese momento”, mientras los interpelaba mezclando el show mediático con la puesta en escena de redes y medios de comunicación hegemónicos.  No podemos dejar de mencionar el desgaste político del peronismo y el quiebre de las organizaciones sociales, cuya respuesta frente al peligro de la extrema derecha fue tardía, desarticulada y ambivalente.

Sin embargo, cuánto de esa crisis no estaba motivada por la construcción de un odio social, clasista y xenofóbico sembrado por los medios de comunicación, constructoras de un relato conveniente a la manipulación de las masas (Levitsky & Ziblatt, 2018; Vommaro, 2021). 
 
 Como en toda América Latina, las clases “medias” aspiracionistas consideran que liberar la economía les permitiría el tan anhelado ascenso social, sin tomar en cuenta las condiciones de acumulación del gran capital y la histórica exclusión de las grandes mayorías (Portes & Hoffman, 2003; Wacquant, 2009; Svampa, 2019). La promesa de una economía dolarizada, y de crear lazos fuertes con Israel y Estados Unidos, fue para muchos argentinos el ideal de la alianza con el primer mundo y el anhelo de blanqueamiento que tanto creían necesitar (Quijano, 2000; Hobsbawm, 1998; Sassen, 2014; Svampa, 2023).
 
 Las elecciones fueron un triunfo para el partido de Milei “La libertad avanza”, con el discurso de la motosierra, con un programa agresivo de recortes ministeriales, ayudas sociales y la desregularización económica, se vendió en los medios como la panacea del futuro prometedor argentino “En 20 años seremos como Irlanda, en 35 como Alemania” era el discurso de Milei (2023)
 
El triunfo de la “Libertad Avanza” produjo la subida estratosférica de los servicios básicos incluidos el internet, el transporte. (Svampa, 2017; Levitsky & Murillo, 2023; CEPAL, 2024). Además de la liberación en base al mercado de los alquileres y el intento de bloquear la salud y la educación gratuita a los extranjeros. Además, la agenda de Milei incluyó el congelamiento y disminución de los pagos a jubilados, docentes universitarios y la desaparición de la jubilación anticipada. La escalada de los precios de los alimentos sirvió como indicador de que, si bien la inflación había disminuido, lo hacía a costa de generar una crisis social y humanitaria peor incluso que la del 2001 (Portes & Hoffman, 2003; Svampa, 2019). Por otra parte, el dólar se estabilizo de manera parcial alcanzando los 1500 pesos argentinos por cada divisa. Mientras el poder adquisitivo de los argentinos disminuyó de manera exponencial.   
 
La disminución del Estado y las propuestas privatizadoras de Milei alcanzaron niveles preocupantes. Reformas a la ley de tierras permite la acumulación por parte de extranjeros de vastas zonas de la Patagonia, y el fortalecimiento de los monopolios agrícolas exportadores lo cual destruye la seguridad alimentaria (Sassen, 2014; Teubal, 2006). Además de la entrega de bases militares a Estados Unidos en el sur del país en el marco de la Operación Tridente (Página 12,2025).   
 
A pesar de los esfuerzos de los medios de comunicación por desviar la atención de estos problemas, en la realidad Argentina sufre la quiebra de cientos de pequeñas empresas y emprendimientos y desindustrialización, cosa que no pasó con el gobierno de los Kitchner y Fernández, gobiernos en los cuales el país había alcanzado ciertos niveles competitivos a nivel mundial (Basualdo, 2010; Schorr, 2018).
 
Frente a una crisis generalizada como crónica de una muerte anunciada, los medios de comunicación han tenido un papel fundamental en distraer y exacerbar los ánimos en la opinión pública, generando posiciones dicotómicas extremas entre la población (Bourdieu, 1997; Waisbord, 2013).  
 
Finalmente, la estrategia de generar shows mediáticos televisados del presidente cantando, giras musicales, rumores de romances con modelos, besos en televisión nacional, premios inexistentes en foros de la extrema derecha mundial, para hacer crecer su figura en foros internacionales auto financiados. la espectacularización de la sociedad, cuyo rating depende de las “ocurrencias” del presidente como una suerte de sociedad del espectáculo (Debord, 1995; Moffitt, 2016). Junto a ello, una oleada de escándalos como la retención de miles de toneladas de alimentos para los más pobres, dejándolos podrir y el cierre de cientos de comedores populares. (Página/12.2024, junio). Y escándalos que vinculan a empresarios y militantes de la libertad avanza con el narcotráfico. Además del caso Libra que vinculó al presidente Milei en la estafa piramidal de criptomonedas más grande de los últimos tiempos (Clarín, 15 de febrero de 2024). La última y quizá la más escandalosa muestra de la debacle del sistema político argentino fue sin duda el escándalo de las coimas que supuestamente la hermana de Milei Karina Milei recibía por cada contrato de los fondos para discapacitados, nada más y nada menos que el 3% (Página/12. 2024, 15 de febrero)

Una verdadera oleada de escándalos mientras el pueblo argentino mira subir el precio de la carne a niveles tan altos que el consumo es el peor en 20 años. Como buen migrante, no alcanzaba a comprender la dimensión de la crisis que se estaba gestando, sin recurrentemente mirar a los grandes grupos comunicacionales articulando su discurso a favor de Milei.

Sin lugar a dudas los mayores responsables de construir al “monstruo” fueron los medios de comunicación, mientras los jubilados se suicidan por no poder pagar sus medicamentos y los pibes solamente pueden comer una vez al día.

Referencias bibliográficas 
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Basualdo, E. M. (2010). Estudios de historia económica argentina: Desde mediados del siglo XX a la actualidad. Siglo XXI Editores.
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