Los judíos en el mundo: menos de la mitad viven en Israel
Para sus cálculos, Della Pergola contabiliza a todas las personas que se identifican como judías, ya sea en el sentido religioso o en el de identidad étnico-cultural siempre y cuando no profesen otro credo. En cambio, excluye a quienes sólo tienen ascendencia judía pero no se definen como tal.
Este enfoque contrasta con el de la Ley del Retorno de Israel de 1950, que otorga la ciudadanía israelí hasta la tercera generación de descendientes de judíos —hijos, nietos y sus cónyuges—. Esta interpretación se traduciría en 25,4 millones de personas en todo el mundo. También contrasta con el del Pew Research Center, que eleva la cifra de judíos estadounidenses a 7,5 millones —más de un millón por encima de la estimación de Sergio Della Pergola, lo que la convertiría en la comunidad judía más numerosa del mundo—. La razón es que el Pew tiene en cuenta a aquellos judíos que tengan al menos un progenitor judío y que se identifiquen como tal aunque profesen una religión distinta.
La combinación de etnia y religión ha estado presente en el sionismo desde prácticamente sus orígenes. Aunque el movimiento surgió en el siglo XIX como un reclamo político laico a rebufo de los nacionalismos europeos y ante el antisemitismo en el continente, pronto incorporó la religión a su definición de judío para tratar de aunar una diáspora muy diversa a nivel geográfico, cultural y lingüístico. Así, la matriz etnorreligiosa le permitió identificar un «pueblo judío» homogéneo, unido tras casi dos mil años de exilio, y legitimar sus ambiciones territoriales en la Palestina histórica, con la que hasta ese momento el judaísmo guardaba una relación puramente religiosa.
El judaísmo y el genocidio en Gaza
El Gobierno israelí trata de proyectarse como la voz y el representante de todo el pueblo judío para legitimar su brutal ofensiva en Gaza, la cual ya ha sido considerada genocida por una comisión nombrada por Naciones Unidas. Desde el punto de vista de Tel Aviv, los constantes bombardeos y el bloqueo de la ayuda internacional son medidas defensivas destinadas a proteger a la comunidad judía del terrorismo de Hamás y prevenir su «aniquilación».
Es una postura que parece compartir la mayoría de la sociedad israelí: casi el 80% de los judíos del país declara no estar «muy preocupados» o «preocupados en absoluto» por la hambruna y el sufrimiento de la población palestina en Gaza y piensa que Israel está haciendo esfuerzos para impedirlo, según una encuesta del think tank independiente Israel Democracy Institute de mediados de julio. Y según el Pew Research Center, el 42% de los judíos israelíes creen que su país debe controlar la Franja una vez que la guerra acabe, la opción con más apoyo.
Por el contrario, sólo el 31% de los judíos de Estados Unidos apoya la campaña militar de Israel en Gaza, según una encuesta reciente de las universidades de California y Rochester. De hecho, este mes de agosto más de mil rabinos y líderes judíos norteamericanos firmaron una carta pública urgiendo a Israel a permitir la entrada de ayuda humanitaria en Gaza y denunciando el uso del hambre como arma de guerra.
Más allá de las discrepancias sobre el conflicto árabe-israelí dentro del colectivo judío, Israel sí que ha conseguido convertirse en el gran motor demográfico del judaísmo. Con una tasa de fecundidad de 2,85 hijos por mujer —frente, por ejemplo, a la de 1,12 de España—, el Estado hebreo ha duplicado su población en las últimas tres décadas y ya roza los diez millones de habitantes. Mientras, el resto de comunidades judías han permanecido estables o incluso están viendo menguar su tamaño a consecuencia del envejecimiento, el matrimonio interreligioso y la migración al propio Israel.
A pesar de ello, para Netanyahu la supervivencia de los judíos sigue corriendo peligro, y no dudó en comparar los actos terroristas del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás con la masacre de Babi Yar de 1941 en Ucrania, en la que fueron asesinados más de 33.000 judíos. Para el Israel actual, sionismo y judaísmo son lo mismo, por mucho que la mayoría de sus integrantes vivan fuera de sus fronteras o que la oposición a su agenda colonial, especialmente en Gaza, siga sumando apoyos en la comunidad judía global.


