Interferencia de Estados Unidos en Ecuador
Tal es el caso de Ecuador, cuyo actual gobernante, el magnate bananero Daniel Noboa, hijo del hombre más rico del país, tras casi un año desde su reelección —luego de un breve gobierno interino— ha acentuado y fortalecido una tendencia en la política exterior ecuatoriana que desde hace nueve años se ha ido acercando cada vez más a Washington. Esto contrasta marcadamente con el largo período de una década en el que Rafael Correa gobernó el país, manteniendo siempre una política exterior basada en la soberanía, la hermandad entre los pueblos y la integración latinoamericana, llegando incluso a convertir a Quito en la capital de la hoy prácticamente extinta organización supranacional UNASUR.
Hoy soplan otros vientos sobre Ecuador y sobre todo el continente americano. Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, se ha desempolvado y revitalizado una segunda versión reconfigurada y reforzada de la perniciosa y catastrófica Doctrina Monroe, con lo cual Washington ha dejado claro que el hemisferio occidental es su esfera natural e indiscutida de dominio, desde Groenlandia hasta la Patagonia.
Volviendo al caso ecuatoriano y tras este breve contexto, el gobierno ecuatoriano presidido por Daniel Noboa ha tomado una serie de decisiones que dejan clara la subordinación de Quito a los intereses nacionales de Estados Unidos, erosionando así la histórica y estrecha amistad, solidaridad y cooperación con naciones hermanas. Dos casos emblemáticos son los ocurridos con Colombia y Cuba.
Noboa se ha convertido en un vector de influencia estadounidense, al igual que Javier Milei en Argentina, abriendo focos de fricción con sus pares de distinta ideología. En ese sentido, el presidente Daniel Noboa ha desatado una guerra arancelaria con Colombia, imponiendo un arancel que inicialmente fue del 30% y que hoy alcanza hasta el 50%, afectando el comercio bilateral y directamente la economía fronteriza, además de generar diversos cruces y fricciones en declaraciones mutuas con Gustavo Petro, presidente de Colombia.
Lo más grave y reciente ha sido la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba, poniendo fin a más de 50 años de relaciones bilaterales de cooperación en salud, educación y solidaridad entre pueblos hermanos. El pasado miércoles 4 de marzo, el gobierno ecuatoriano declaró persona non grata al embajador cubano en Ecuador, Basilio Gutiérrez, así como a toda la misión diplomática, indicando que tenían 48 horas para abandonar el país, al tiempo que retiró de La Habana al embajador ecuatoriano José María Borja. Una vez vencido el plazo indicado, se declaró que el lugar donde había funcionado hasta entonces la embajada de Cuba en Quito dejaba de ser sede diplomática. Este acto ha sido calificado de “inamistoso y hostil” por el gobierno cubano.
A la luz del Derecho Internacional Público, y conforme a lo establecido en el artículo 9 de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas y consulares, el Estado receptor puede en cualquier momento declarar al representante de una misión diplomática como persona non grata, sin necesidad de explicar los motivos. En consecuencia, ni la Presidencia ni la Cancillería han dado declaraciones sobre el asunto, desconociéndose hasta ahora las razones de una decisión tan radical.
Lo que claramente se encuentra detrás de esto es la interferencia, las instrucciones y la presión de Estados Unidos sobre el gobierno ecuatoriano, muy alineado con la política exterior estadounidense, en paralelo con la presión y las amenazas que Washington incrementa contra la isla.
Otro de los espacios donde resulta evidente la irrupción e interferencia de Estados Unidos en Ecuador es en el ámbito de la seguridad, utilizando el discurso habitual de la eterna lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. En la actualidad, Ecuador se ha convertido en un eje central para América Latina en la ejecución de objetivos vinculados a los altos intereses nacionales de Estados Unidos. Durante la última década, lamentablemente se ha consolidado en el país una dura realidad: la violencia extrema que se ha desatado como resultado del incremento de bandas criminales vinculadas al narcotráfico. Entre las causas estructurales se encuentran el deterioro de la calidad de vida, la disrupción institucional, la reducción del tamaño del Estado y la corrupción que ha permeado casi todos los niveles del aparato estatal por influencia del narcotráfico. Esto ha llevado a que Ecuador pase de ser un país de tránsito a convertirse en un país de almacenamiento y distribución de drogas, llegando a ser el principal exportador mundial de cocaína, saliendo de sus puertos alrededor del 70% de la cocaína consumida en el mundo, superando incluso a Colombia.
Tras esta breve pero necesaria recapitulación histórica, pasamos a exponer cómo para Washington la lucha contra este flagelo se convierte en la excusa perfecta para que la interferencia estadounidense en el país se consolide bajo la figura de la “cooperación”. La importancia que Estados Unidos ha dado al fortalecimiento de los vínculos con Ecuador se refleja en la permanente asistencia de inteligencia y militar de Washington a la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas ecuatorianas, así como en la visita de distintos jefes del Comando Sur a Quito, además del actual secretario de Estado de Estados Unidos, el senador Marco Rubio.
La constante intención de instalar bases militares estadounidenses en Ecuador ha sido uno de los principales objetivos del gobierno de Daniel Noboa, naturalmente bajo presión de Washington, lo cual ha implicado reformas normativas y una consulta popular en la que se preguntó a los ciudadanos si estaban de acuerdo con la posibilidad de permitir el establecimiento de bases extranjeras en territorio nacional. Dicha consulta se realizó porque la actual Constitución ecuatoriana, en su artículo 5, establece la prohibición de instalar bases militares extranjeras y de ceder bases militares nacionales a fuerzas extranjeras. En esa consulta realizada el año pasado, la ciudadanía respondió con un rotundo NO a esta posibilidad; sin embargo, el gobierno de Noboa ha buscado formas de avanzar con esta exigencia proveniente de Washington.
Desconociendo la voluntad popular, el presidente Noboa ha permitido la llegada de fuerzas militares estadounidenses para iniciar operaciones conjuntas con las Fuerzas Armadas del Ecuador. Hace pocos días el Comando Sur publicó un video promocional sobre estas operaciones, aunque sin especificar si dicho acuerdo incluye la presencia permanente de tropas estadounidenses, qué equipamiento militar será utilizado ni cuáles son los resultados esperados.
De este modo, Estados Unidos ha puesto en marcha su operación contra el narcotráfico en Ecuador. Como se ha señalado, las operaciones ya han comenzado, mientras que el gobierno ecuatoriano también anunció que se impondrá un toque de queda en cuatro provincias del país desde el 15 hasta el 31 de marzo. Washington subraya la necesidad de establecer “condiciones militares y de inteligencia”, señalando a Ecuador como ejemplo de cooperación hemisférica efectiva.
En resumen, la estrategia de incrementar gradualmente la interferencia estadounidense en la región resulta más que evidente, y Ecuador es un ejemplo de ello, así como de la forma en que Estados Unidos aprovecha la apertura de gobiernos alineados con su política exterior para impulsar su estrategia geopolítica global: recuperar el control en su zona natural de influencia y, al mismo tiempo, impedir la competencia de las otras dos superpotencias, como Rusia y China, en la región. Estados Unidos se ha propuesto controlar todo el hemisferio para resistir la creciente lucha global por el tránsito del sistema mundial unipolar hacia uno multipolar.
La restricción vehicular ha provocado además que no se pueda realizar la recolección de basura en varias ciudades. Además se reportaron apagones, a lo que Reimberg contestó, que son apagones estratégicos para facilitar el trabajo policial.


